Sábado, 17 de Octubre del 2020

El Templo del Momo

Se terminaba el milenio y algo tenía que volver a suceder…
Por su permanente obsesión de entregar “algo más” nació la idea de regalar un objeto para que fanáticos y seguidores pudieran ubicarlo bien cerca del corazón. Así fue, como una especie de vaticinio de “la última vez”, que tomamos la posta entregada por el maestro Rocambole, y nos pusimos el “mameluco” de obreros metalúrgicos.

Buscamos por cielo y tierra “la máquina infernal” y la aleación metálica con la que fundiríamos, poco más tarde,  casi siete mil kilogramos de una aleación metálica de plomo, antimonio y estaño.

No recuerdo bien a quien, pero a alguno de los curiosos de turno, se le ocurrió agarrar del “burro” un puñado de tipos móviles de metal del viejo invento de Gutenberg,  acto seguido los arrojó al crisol de fundición y escuchamos “Eureka”…

Parecía que la magia Ricotera estaba presente por todos lados… 
Logramos dar con el paradero de viejas líneas de linotipia con los que se habían impreso los padrones electorales de elecciones nacionales del tiempo del “ñaupa”, les cuento finalmente que en cada uno de los más de doscientos mil escapularios Momo Sampler, conviven miles de personas con sus nombres y apellidos de diferentes épocas y provenientes de diferentes lugares de todo el territorio nacional que algunas vez habrán votado por  Irigoyen o Perón.

El resto del packaging propiamente dicho fue construido manualmente sobre un “esqueleto” de cartulina impresa con tinta plata, con las palabras Momo Sampler en sobre relieve;  forrada en parte con goma eva de color negro especialmente fabricada para este trabajo, y en cuya portada y por encima del sello PR, se aplicaron manualmente cada uno de los doscientos mil escapularios.
En su interior contaba con unas 12 “estampitas” sutilmente sujetadas por una banda de papel autoadhesivo que decía: “Desprender la medalla de la tapas. Puede usarse colgada del cuello como un escapulario. Cerca del Corazón.”

El cierre también fue bastante sofisticado ya que en el interior de cada envase se colocaron cuatro imanes circulares corpóreos que cerraban con hermetismo un secreto bien guardado.

Casi veinte años después me siguen preguntando acerca de la numeración del lado “B” del medallón, pero sigo sin recuperar la memoria de lo que verdaderamente pasó…”

     

Escapularios Momo